Modelos y tendencias culturales en México.

Rafael Armando Francisco Nieves López
rnieves@campus.mty.itesm.mx
 
Las actuales circunstancias históricas manifiestan claramente que México y América latina se encuentran ante diversas tendencias culturales: la globalización, la llegada de la posmodernidad, el resurgimiento de la religiosidad y la democratización.
La tendencia a la globalización ha contado con el apoyo de los medios masivos de la comunicación que nos invitan a participar en la creciente globalización de la economía mundial. Esto significa: 1) que los países deben abrir sus fronteras para que mercancías y servicios que se generan en otras partes puedan entrar y ser vendidas, sin mayores dificultades administrativas o fiscales. 2) Que exista un libre flujo de capitales para impulsar la inversión. 3) que los gobiernos den todo tipo de facilidades y garantías para que la riqueza sea generada por la empresa privada, nacional e internacional, sin que exista competencia por parte de empresas gubernamentales, las cuales preferentemente deben desaparecer. Ante esta pujante tendencia, se levantan vocen nacionales e internacionales que la colocan bajo la lupa. Se Acusa a la globalización de mucha ciencia y poca conciencia. (1)
La globalización es uno de los factores que ha contribuído para que México y América Latina se vean impactados por la tendencia a la cultura postmoderna. Existe un culto al cuerpo, a la juventud, al yo en su afirmación constante, al derecho de estar por encima de los prejuicios sociales. La cultura postmoderna ahora tiene que explicar otros nuevos problemas sociales como la promiscuidad, los divorcios y las nuevas plagas que son las enfermedades sexuales, desde el herpes hasta el sida; la angustia de la sociedad posmodernista de no ser el mejor y el más joven; la desesperación por el consumo de los objetos y la apatía por la política. Las paradojas de la cultura postmoderna se han reflejado en una necesidad individual de comunicación social; la paz interior mediante la meditación y las antiguas filosofías orientales; la soledad como reconocimiento del yo y la espera de nuevos milagros. (2)
En oposición, se levanta otra tendencia: la religiosidad, especialmente la católica, en América Latina. La Iglesia Católica sostiene que la cultura es hechura del ser humano, que el origen, centro y fin de la cultura es el ser humano. De modo que urge la tarea de construir una cultura verdaderamente humana. Juan Pablo II, con sus diversas visitas, ha sido un factor esencial en el despertar de los católicos en el continente latinoamericano. En 1985 reconociendo el rol de los Medios de Comunicación en la formación de la cultura, recomendó "una profunda acción educativa en la familia, en la escuela, en la parroquia. . . para instruir y guiar a los jóvenes a un uso equilibrado y disciplinado de los mass media, ayudándoles a formarse un juicio crítico, iluminado por la fe, sobre las cosas vistas, leídas y oídas". Exhorta a pasar de una actitud de usuario pasivo a receptor activo, que libre y responsablemente seleccione, discierna, juzgue, opine, interpele, reaccione y trate de establecer un diálogo con el comunicador. Así la Iglesia Católica se ha sumado a la promoción de un Nuevo Orden Mundial que tenga en cuenta las aspiraciones y las luchas de las clases populares de América Latina para la construcción de sociedades más justas y de una cultura más solidaria en un mundo globalizado. El mismo Papa, en su última visita a México, enumeró los pecados sociales que trastornan la sociedad latinoamericana. La Iglesia reclama y juega un papel activo porque no acepta ser recluída en la sacristía como en el período de la Modernidad(3).
En consonancia con el resurgimiento de una religiosidad más activa; la democracia, como estilo de vida, se manifiesta como un rasgo característico y definitivamente nuevo para la región de América Latina. Se da un convencimiento de ser algo inprescindible como forma de convivencia social, de vigencia de las libertades y de resolución de conflictos de poder conforme a la ley. La democracia proporciona el único marco en que es posible llegar a considerar la equidad del desarrollo. En consecuencia se ha iniciado una reforma del Estado, que implica acometer una drástica reforma de las instituciones políticas y su funcionamiento, la administración de justicia y los mecanismos adecuados para acercar los servicios públicos al ciudadano. Se ha comenzado también, una reforma de los partidos políticos para revalorizar su papel como formadores de opinión y representación popular. Por último, crece la necesidad del fortalecimiento de la sociedad civil para que su participación sea más activa. La democracia comienza a campear en estas tierras latinoamericanas donde las dictaduras están por desaparecer. Los signos más claros son las diversas ONG'S que han sido un catalizador de la participación ciudadana. (4)
Estas tendencias, como toda realidad humana, pueden ser para bien o para mal; se requiere un espíritu crítico para que redunden en el mayor bien posible.
 
Bibliografia:
(1) Vicente Arredondo Ramírez, Hacia una cultura ciudadana en México, UIA, México, 1996.Pp. 18-20. Consulte también a: Juan Louvier Calderón, Cultura mexicana y globalización, Edamex, 1995, pp. 137-141.
(2) Gabriel Careaga. http://www.mty.itesm.mx/dch/deptos/ri/ri-802/lecturas/lecvmx344.html
(3) Miguel Concha M. y otros. http://www.mty.itesm.mx/dch/deptos/ri/ri-802/lecturas/lecvmx342.html
(4)Héctor Casanueva. http://www.mty.itesm.mx/dch/deptos/ri/ri-802/lecturas/lecvmx332.html